¿Por qué a mí?
Yo creo que Dios es especial en todo lo que decide y planea para cada uno de nosotros y conmigo no fue una excepción.
En mucha ocasiones me preguntaba por qué las cosas no me salían bien o por qué me sentía triste cuando algo negativo me sucedía y estas interrogantes también se las planteaba a Dios, inclusive hasta le reclamaba.
Sin embargo, todo cambia y la vida se va percibiendo de manera diferente aunque te siga pasando lo mismo.
En meses pasados tuve la fortuna de ser invitada a participar en una brigada de salud a realizarse en la Sierra Huichola, en el estado de Jalisco. Sin pensarlo mucho acepté. Yo soy odontóloga y estaba segura que de algo serviría mi presencia allá. Pasó el tiempo y el día fijado para partir llegó. Era emocionante para mí pensar en lo que sucedería, conocer una realidad diferente a la que se vive en la ciudad.
Jamás pensé que me pudiera sentir tan feliz en aquellas comunidades con los compañeros médicos con quienes me tocó compartir esta experiencia. No imaginaba que podría encontrar a Dios en cada carita de los pequeños que necesitaban ayuda o de los adultos que confiaban que les ayudaríamos a sanar algún dolor.
Desafortunadamente fue poco el tiempo que permanecimos en las dos comunidades de San Andrés Cohamiata y de Sta. Clara. No pudimos completar nuestra labor por falta de tiempo y recursos pero estoy segura que en cada uno de los que fuimos nació la inquietud de seguir realizado estas brigadas y sobre todo de regresar a continuar esta tarea. Estoy segura de que así será.
Los indígenas habitantes de esta región no hablan español sino su lengua nativa (el hichol). Sus condiciones de vida y salud no son muy buenas y es lógico imaginarse que no tienen la oportunidad de ir al médico o a algún hospital para curar sus enfermedades. Yo creo que Dios nos puso en este camino para brindarles ayuda y si Él nos lo permite lo seguiremos haciendo.
Por eso mismo hoy me pregunto por qué Dios me ha elegido para vivir la experiencia más hermosa que he tenido en estos últimos meses.
Créanme que hasta el día de hoy me he sentido inmensamente feliz y le agradezco infinitamente a Dios nuestro Señor por haberme concedido este gran regalo.




