Corazones en Misión: un solo espíritu, muchos caminos
Ayer, el CEFAM se llenó de alegría, fe y esperanza durante la Jornada Misionera, un encuentro profundamente fraterno donde distintas congregaciones, jóvenes y laicos compartimos el fuego del espíritu misionero. Fue una verdadera fiesta de comunión que reunió a las Catequistas de Jesús Crucificado, las Misioneras de Guadalupe y las Misioneras de María Xaverianas, junto con los jóvenes profesionistas del grupo JUMAXA, testimonio vivo de que la misión sigue viva y renovada en cada generación.
La jornada inició con una animación llena de energía y cantos, que nos recordó que la misión empieza con el gozo de sabernos enviados por amor. Luego, una dinámica rompehielo dirigida por las Misioneras de Guadalupe nos ayudó a abrir el corazón y reconocernos como una sola familia misionera.
El espíritu se fortaleció con la conferencia de Magda Ramírez, quien nos invitó a “renovar la misión en la actualidad”, redescubriendo la fuerza del Evangelio en medio de los nuevos desafíos del mundo.
Después emprendimos un simbólico “viaje misionero” por los continentes:
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África, a través del testimonio de Guadalupe Albor mmx, quien compartió la experiencia del Chad;
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Asia, con el padre Justin, Oblato de Sri Lanka, que nos abrió los ojos al rostro esperanzado de la Iglesia en su tierra;
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y América, representada por Licha Santiesteban mmx, que nos llevó al corazón misionero de Brasil, recordando como la voz profética del pueblo hace que escuchemos la voz de DIOS en el dia a dia.


Luego de este recorrido lleno de emociones, compartimos los alimentos que cada uno llevó, signo de fraternidad sencilla y de comunión verdadera.
Por la tarde, nos dividimos para participar en los talleres misioneros, espacios creativos donde la alegría y la oración se encontraron:
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En la “Sopa de letras misionera” recordamos datos y rostros del mundo que necesita de nuestra oración.
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En la “Rocola musical”, las canciones nos hicieron vibrar con el ritmo del Espíritu.
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Y en el “Taller contemplativo”, ante el Señor de Señores, elevamos nuestras súplicas por la humanidad entera, en silencio orante y profundo.

Finalmente, la jornada culminó con la Eucaristía, presidida por nuestro hermano xaveriano José Luis Vega, quien nos recordó con palabras llenas de ternura y convicción que la misión no se jubila nunca: ni la edad ni las circunstancias pueden apagar el fuego del envío.
Así terminó este día bendecido, donde la Iglesia en salida se hizo palpable en rostros, cantos y gestos. Cada corazón volvió a casa encendido, con el deseo de seguir siendo misioneros ad gentes aquí y ahora, convencidos de que la misión continúa donde haya un corazón dispuesto a amar.









