
Famílias que generan vida y misión

En el camino del CEFAM hemos sido testigos de matrimonios que un día, siendo jóvenes, tuvieron un encuentro vivo y verdadero con Jesucristo. Un encuentro que no quedó solamente en una emoción pasajera, sino que marcó profundamente su manera de mirar la vida, de construir su familia y de relacionarse con los demás.
Hoy muchos de ellos forman parte del grupo REMAMOS. Algunos tienen hijos, otros no han recibido esa gracia, pero todos han descubierto que la fecundidad del amor va mucho más allá de lo biológico. Porque también se puede ser padre y madre desde el acompañamiento, desde la escucha, desde el servicio, desde el trabajo cotidiano y desde la capacidad de abrir caminos para que otros encuentren sentido y esperanza.
Junto con las Misioneras de María Xaverianas, estas familias colaboran generosamente en el proyecto del CEFAM, un espacio de formación, animación misionera y encuentro humano y espiritual. Un lugar que busca favorecer procesos de crecimiento integral, ayudando a las personas a reencontrarse consigo mismas, con Dios y con los demás.
Lo más hermoso es que, aun en medio de sus responsabilidades familiares, laborales y personales, nunca han dejado de nutrirse de la Palabra de Dios. Continúan formándose, creciendo humana y espiritualmente y dejándose interpelar por el Evangelio para vivir una fe concreta, encarnada y comprometida con la realidad.
Su testimonio nos recuerda que la misión comienza en casa, en la manera de hablarse, de acompañarse, de enfrentar las dificultades y de abrir espacio para los demás. Pero también nos recuerda que una familia verdaderamente tocada por Cristo no se encierra en sí misma, sino que naturalmente se vuelve luz, acogida y esperanza para otros.
Hoy damos gracias por estas familias que silenciosamente siguen sosteniendo procesos, generando comunidad y sembrando humanidad en medio de un mundo muchas veces herido por la división y el egoísmo.
Porque cuando una familia se deja tocar verdaderamente por Cristo, inevitablemente comienza a generar vida alrededor suyo.
Y allí donde se genera vida, también nace la misión.
