La casa de Dios está llena de luz porque está llena de amor. El Señor nos invita a respirar a pleno pulmón el soplo del Espíritu Santo, en compañía de todos los santos.
El Evangelio de las bienaventuranzas es una invitación a la alegría: bienaventurados los pobres, bienaventurados los que lloran, bienaventurados los mansos, bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, bienaventurados los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia y, finalmente, bienaventurados los que son insultados por causa de Dios.
Pero ¿cómo pueden ser bienaventurados aquellos que, a los ojos del mundo, parecen perdedores?
«Si los insultan, los persiguen y dicen mentiras contra ustedes por causa de mi nombre, ¡alégrense!». La palabra de Jesús nos invita a levantar la mirada y a realizar una transformación radical.
Al leer cada una de estas bienaventuranzas, vienen a nuestra mente nombres, rostros e historias.
Luca Attanasio, el embajador asesinado en el Congo en 2021, mientras hacía realidad su sueño de paz y justicia para los pobres.
Vittorio Arrigoni, activista de los derechos humanos, brutalmente asesinado en Gaza mientras buscaba saciar el hambre de justicia del pueblo palestino de la Franja.
Annalena Tonelli, misionera originaria de Forlì, Italia, ardía en deseos de amar a Cristo como los «pobres de espíritu», siguiendo las huellas de Charles de Foucauld en tierras somalíes.
La lista de los amigos de Dios es larga e interminable, como incansable es el camino de la Palabra que, al germinar en los corazones, engendra hijos de Dios. A cada uno le corresponde una bienaventuranza única, profundamente personal, como un don de Dios.
Entre estas ocho bienaventuranzas hay una dirigida especialmente a ti, que estás leyendo estas líneas. ¿Sabías que, para entrar en el Reino de los cielos, debes dejar que al menos una de estas palabras atraviese y transforme tu vida?
En Bongor, Chad, hemos conocido a muchos misioneros. Su paso por esta tierra ha dejado huellas tanto en las estructuras parroquiales como en los corazones de las personas.
Quiero recordar al padre Beppe Pulcini, misionero xaveriano que encarnó la sexta bienaventuranza: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios».
El padre Beppe purificó su corazón en las aguas del río Logone, en el encuentro con el pueblo masa y en el sufrimiento de los pobres de la parroquia de San José. Su recuerdo permanece vivo porque Dios es luz y en Él no hay tiniebla alguna.
El cardenal Newman escribió:
«Dios me ha creado para prestarle un servicio concreto. Me ha confiado una tarea que no ha encomendado a nadie más. Tengo una misión. ¿Me será dada a conocer en esta vida? Ciertamente me será revelada en la próxima».
El Evangelio de hoy es una invitación a descubrir y abrazar esta misión para entrar en la casa de Dios.
El acceso al trono de la gracia es una historia de comunión. Junto a Jesús y María se encuentra una multitud de creyentes que vivieron las bienaventuranzas y que, aun en medio de lo que parecía una derrota, supieron acoger la palabra de Cristo:
«Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos».
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P. Carlo Salvadori, sx
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31 Octubre 2026
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