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Misioneras de María
XAVERIANAS

Vínculos de amistad que salvan

Judith Rosales
25
16 Julio 2026

Cuando se es pequeño no se entiende mucho en que consiste el “caminar” en la fe. Son conceptos abstractos y así, como no es fácil entenderlos, se les da un lugar en nuestro diario vivir, el que no pide comprensión. Esta ahí, lo sabemos y eso nos basta, aunque no entendamos el ¿cómo?

Poco a poco con el paso de los años, el “intento” que hacen nuestros padres de explicarnos y hacernos entender la fe, es cotidiano, pero en realidad seguimos creyendo que sí, que está ahí, lo sabemos y eso nos basta, aunque no lo entendamos. Nos entusiasma entrar a formar parte del grupo de niños que se preparan para recibir el sacramento de la comunión, de la confirmación, nos imaginamos el vestido blanco y las zapatillas que llevaremos, pensamos e imaginamos la fiesta, pero continuamos sin hacer muchos progresos en la comprensión sobre el “camino” en la fe y seguimos creyendo que sí, que esta ahí presente, lo sabemos y eso nos basta, aunque no lo entendamos.

Es en el caminar de la vida, cuando se inicia a recorrerlo fuera de la mirada de la familia, la que hasta ese momento nos protegió, nos guio, nos acompañó, nos llevó de la mano casi indicándonos donde y en qué momento podíamos tropezar y caer. Es ahora que iniciamos a comprender que ese es el “camino “de la fe. El estar, dar tiempo para acompañar, prestando atención para indicar lo bueno de lo menos bueno, abriendo los ojos como si se pretendiera ver a través de los ojos de los demás, para guiar, y extendiendo los brazos para no dejar caer y sostener al otro al más débil, al que más necesita, al más frágil, sostenerlo y acompañarlo. Es en todos esos momentos que nos sentimos escuchados, atendidos, sostenidos, abrazados … por lo que mas tarde comenzamos a comprender que ahí en estos gestos tan humanos esta siempre presente el Señor, nuestro Dios con su ternura de Padre y Madre, con su cariño y amistad de Amigo, con su paciencia y sabiduría de Maestro.

Ahora pareciera que ya no tenemos necesidad de comprender, de racionalizar porque ahí donde el hombre se hace humano ahí está el camino de la fe, en el que siempre creímos y seguimos creyendo que sí, que esta ahí, lo sabemos, lo experimentamos y eso nos basta, aunque no lo entendamos.

Todo esto para decir que “la fe crece cuando se da” (RM, 2) cuando se comparte, no crece por muchos diplomas ni lecturas,( aún que si necesarias), crece cuando se comparte y se hace a través de gestos simples, cargados de humanidad, consientes que es ahí en estos gestos que damos y recibimos, en los que encontramos el único Amor capaz de transformar lo más duro del corazón del hombre.

family

Mas tarde nosotros “misioneros, Enviados para llevar la Buena Nueva, el Evangelio a otros pueblos, a otras naciones, a quienes no lo conocen.” nos encontramos que también allá donde menos lo imaginábamos y en quienes menos pensábamos ahí nos espera este Señor con los brazos abiertos.

Justamente para continuar ayudándonos, para guiarnos, para atendernos, para abrazarnos, para mostrarnos el camino, para corregirnos y lo hace por medio de las personas que allá encontramos y que sin mucha necesidad de palabras nos muestran cariño, estima, paciencia, respeto, compartan o no nuestras ideas, nuestras creencias, están ahí siempre listos para darnos “una mano” en el momento preciso.

En realidad cuando dejamos un lugar para ir a otro, cuando cambiamos de servicio o de apostolado, lo que nos llevamos con nosotros no son los cuadernos u hojas donde escribimos la guía o los temas enseñados , sino son más bien; un corazón hinchado de gratitud y una mente llena de recuerdos que nos hacen revivir de nuevo los momentos más bellos vividos juntos, las personas, su estima y su cariño, su confianza, su cercanía, su ayuda, los tantos momentos agradables vividos juntos en eltrabajo, en una plática, durante una conversación alrededor de una mesa compartiendo, porque no, un poco de comida, incluso los momentos menos agradables los dejamos un poco, al lado, como queriendo sacar de ellos solo lo más positivo, aquello que nos dice que en cierta manera lo vivido y hecho eran las mejores opciones.

Y así el Señor se hace presente, creando esos “lazos de amistad que salvan”, “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos” Jn 15,13. No es necesario imaginar una muerte de “mártir” este es un Don y el Señor lo da a quienes Él ha elegido. Pero, “dar la vida” es también lo cotidiano de la vida, es el “camino “de una fe que crea lazos de amistad insustituibles y eternas.

En Camerún, Mariama Dia, una mamá musulmana, enferma, me recibió en su casa, con los brazos abiertos y me dice “hermana, gracias por venir, es verdad que los pies caminan hacia donde ya está el corazón, Inshallah”.