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Misioneras de María
XAVERIANAS

En las raíces de la misión: el don de la fundación

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01 Julio 2026

En la historia de nosotras, Misioneras de María Xaverianas, hay dos fechas que han marcado de manera indeleble nuestro nacimiento y nuestro camino: el 24 de mayo y el 2 de julio.

El 24 de mayo de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, en Capriglio, un pequeño pueblo de los Apeninos de Parma, donde el P. Giacomo Spagnolo se había refugiado junto con los estudiantes xaverianos de teología —de quienes era rector— debido a los bombardeos del ejército alemán sobre Parma, y donde Celestina Bòttego había buscado refugio después de que su casa fuera requisada por el mando alemán, Celestina pronunció finalmente su "sí" al P. Spagnolo, aceptando convertirse en la madre fundadora de la nueva Familia misionera que él llevaba tiempo soñando.

De hecho, cuando el año anterior el P. Spagnolo le había pedido colaborar en la fundación, Celestina se había negado, diciendo que era «más hábil para estropear las obras de Dios que para realizarlas». Sin embargo, la imagen del Cristo Crucificado de Velázquez, acompañada de la palabra «TODO», que el P. Giacomo le envió con motivo de la Pascua de 1944, despertó en ella una profunda inquietud. Además, los días de retiro espiritual que estaba viviendo precisamente en Capriglio la ayudaron a comprender que, si quería buscar únicamente la voluntad de Dios, debía responder con su "sí".

Así, en su Diario del 24 de mayo de 1944, después de conversar con Celestina, el P. Giacomo pudo escribir:

«En esencia, hoy (24 de mayo) la Sociedad ha encontrado a su fundadora, que dice al Señor su fiat.»

Aquel "sí" fue solamente el primer paso de un largo camino que la guerra, aún en curso, seguiría marcando con nuevas dificultades y mayores sacrificios.

En la noche entre el 1 y el 2 de julio, las tropas alemanas llegaron a Capriglio e irrumpieron también en La Providencia, la casa de campo donde vivían los Xaverianos. Los estudiantes y los padres fueron alineados frente a la casa bajo la amenaza de las ametralladoras y conducidos hasta Lagrimone, donde fueron reunidos con otros prisioneros para ser trasladados a un campo de concentración en la provincia de Reggio Emilia.

La rápida intervención del Obispo de Parma y del Superior General de los Xaverianos evitó su deportación a Alemania. Poco tiempo después, aunque en medio de numerosas dificultades, el P. Giacomo y todos los estudiantes pudieron regresar a Parma.

Era el 2 de julio, día en que la liturgia de aquel tiempo celebraba la Visitación de la Virgen María a Santa Isabel, una fecha que ya tenía una historia muy significativa dentro de la Congregación Xaveriana.

El 2 de julio de 1921, san Guido María Conforti, profundamente impregnado del significado de la Visitación —acontecimiento intrínsecamente misionero por su naturaleza y dinamismo—, escribió la Carta Testamento dirigida a sus misioneros.

Más tarde, el 2 de julio de 1927, san Guido María escribió a Propaganda Fide para presentar nuevamente su proyecto de fundar una congregación femenina xaveriana.

Y también el 2 de julio de 1943, el P. Spagnolo propuso por primera vez a Celestina Bòttego colaborar en la fundación de la nueva Familia Xaveriana.

No fue casualidad, por tanto, que Madre Celestina y las tres primeras hermanas emitieran su primera profesión religiosa el 2 de julio de 1950.

Cinco años más tarde, también por una singular disposición de la divina Providencia, el 2 de julio de 1955, el obispo de Parma, Mons. Evasio Colli, erigió nuestra Familia Misionera como congregación religiosa de derecho diocesano.

Por ello fue natural elegir el 2 de julio como la fiesta propia de las Misioneras de María Xaverianas y como el día para celebrar las profesiones religiosas.

Ahora nos corresponde a nosotras no solo hacer memoria de estas fechas históricas, sino vivir y realizar la profecía que encierran.

En un mundo hoy más que nunca desgarrado por conflictos, guerras y violencia, la decisión del P. Giacomo de dar vida a una Familia misionera, a pesar del difícil momento histórico que estaba viviendo, y el "sí" de Madre Celestina pronunciado el 24 de mayo de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando aún era imposible prever su desenlace, nos recuerdan que, por vocación, estamos llamadas a anunciar el Evangelio con humildad y parresía, especialmente en medio de los conflictos y del sufrimiento, con la certeza de que Jesús ya ha vencido al mundo (cf. Jn 16,33).

También los acontecimientos vinculados al 2 de julio nos recuerdan que estamos llamadas a anunciar el Evangelio de Jesús en un mundo herido y siempre necesitado de salvación; que Jesús nos envía como «corderos en medio de lobos» (Lc 10,3) y nos pide llevar la paz y la reconciliación allí donde estemos, permaneciendo fieles a su Evangelio.

En las diversas situaciones que cada una de nosotras está llamada a vivir, tanto personal como comunitariamente, también en este 2 de julio de 2026, dejémonos modelar por las palabras de nuestro Padre:

«Jesús lo dio todo, a todos y para siempre. No se reservó nada, no excluyó a nadie. Su amor fue verdaderamente total. […] El amor pide amor; la entrega total exige una donación completa. Eso es precisamente lo que decidimos cuando aceptamos la invitación a ser suyos.»

El «TODO» escrito sobre la imagen del Crucificado de Velázquez que el Padre Giacomo entregó a Madre Celestina no estaba dirigido solamente a ella.

Es un «TODO» que atraviesa la historia de nuestra Familia y que interpela a cada una de nosotras, Misioneras de María Xaverianas de ayer, de hoy y de mañana.

Maria De Giorgi

Originaria della Diocesi di Milano, si è laureata in antropologia culturale presso l’Università Cattolica di Milano. Partita per il Giappone nel 1985, dal 1987 opera nel campo del dialogo Interreligioso presso il Centro Shinmeizan (Kumamoto), fondato dal saveriano P. Franco Sottocornola. Dottore in Teologia e già docente presso l’Università Gregoriana di Roma, è attualmente consultore del Dicastero Vaticano per il dialogo interreligioso e membro della Commissione per l’Ecumenismo della Conferenza Episcopale giapponese.