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Misioneras de María
XAVERIANAS

Ecología integral y justicia social

Estevão Raschietti
109
12 Junio 2026

La crisis ecológica no es solamente ambiental, sino también social, económica y cultural, siendo el resultado de un modelo de desarrollo excluyente y depredador. En este contexto, la Ecología Integral, concepto propuesto por el Papa Francisco en la encíclica Laudato Si’, propone una visión global que reconoce la conexión entre todos los aspectos de la vida humana y natural, enfatizando la necesidad de una transformación profunda en los estilos de vida, las instituciones y las relaciones sociales.

Francisco afirma que “no hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental” (LS 139). Por ello, las soluciones requieren un enfoque integrado que considere simultáneamente la protección del medio ambiente, la justicia para con los pobres y el bienestar social.

Esta convicción se fundamenta en la noción de interdependencia de toda la creación: “todo está conectado” (LS 16, 86, 117, etc.). De esta manera, el ser humano forma parte de una inmensa red de vida y no puede considerarse solamente como individuo ni superior a los demás seres (LS 138-139). La naturaleza no es vista como un simple objeto a nuestra disposición, sino como la Casa Común de la cual formamos parte y con la que nos relacionamos íntimamente (LS 139). Así, la ecología integral rompe con el estrecho antropocentrismo moderno y denuncia la “visión fragmentada” de la realidad que divide los diversos ámbitos del conocimiento humano. En su lugar, propone un nuevo paradigma relacional, en el que las cuestiones ambientales, económicas, sociales, culturales y espirituales son abordadas conjuntamente.

Otro pilar fundamental es la inseparabilidad entre ecología y justicia social. La ecología integral “es inseparable de la noción de bien común” (LS 4), principio central de la doctrina social de la Iglesia. Cuidar el medio ambiente implica cuidar de las personas, especialmente de los pobres y vulnerables, ya que son quienes más sufren las consecuencias de la degradación ambiental. La encíclica enfatiza la “opción preferencial por los pobres” dentro de la cuestión ecológica (LS 158), así como la justicia intergeneracional, es decir, la responsabilidad hacia las futuras generaciones (LS 159-162). De este modo, el cuidado ecológico adquiere una clara dimensión ética y social, vinculando la sostenibilidad ambiental con la dignidad humana y la paz.

La raíz teológica de esta visión integral se encuentra en la comprensión de la creación como obra de Dios confiada a la familia humana y en la visión bíblica del ser humano como guardián y cuidador de la creación (cf. Gn 2,15). Francisco retoma la noción de “ecología humana”, ya presente en el magisterio anterior, indicando que la crisis ecológica exterior refleja también una crisis moral y espiritual interior del ser humano (LS 155). La ecología integral requiere, por tanto, una conversión ecológica global (expresión acuñada por san Juan Pablo II en 2001 y asumida por Francisco): un cambio profundo en los estilos de vida, los modelos de producción y consumo, y las estructuras de poder (LS 5). Esta conversión incluye reconocer “el valor inalienable del ser humano” en todas las etapas y condiciones de su existencia (LS 72-135), así como el valor intrínseco de cada criatura independientemente de su utilidad (LS 140).

En Querida Amazonia (QA), exhortación apostólica postsinodal publicada en 2020, el Papa Francisco refuerza y aplica el paradigma de la ecología integral al contexto específico de la Amazonía. Francisco habla de cuatro “sueños” para la Amazonía —social, cultural, ecológico y eclesial— que ponen de manifiesto este enfoque integral. En el “sueño ecológico”, expresa “el sueño de una Amazonía que preserve esa belleza natural que la distingue y la vida desbordante que la llena” (QA 7-8), y llama al cuidado conjunto de la biodiversidad y de las culturas locales.

Querida Amazonia destaca que el cuidado de las personas y el cuidado de los ecosistemas son inseparables (QA 42). De manera contundente, el Papa afirma que “aprendiendo de los pueblos originarios, podemos contemplar la Amazonía [...]amarla y no solo utilizarla; [...] sentirnos íntimamente unidos a ella y no solamente defenderla; y entonces la Amazonía se convertirá para nosotros en una madre” (QA 55). Esta bellísima imagen de la Amazonía como madre —claramente inspirada en la cosmovisión indígena— se presenta como fruto del aprendizaje de los pueblos originarios, que enseñan a contemplar el mundo “no como alguien que está fuera, sino desde dentro, reconociendo los lazos” que nos unen a todos los seres (QA 45-55).

Tenemos, por tanto, que la ecología integral, más que un concepto teórico, se configura como un llamado espiritual y cultural a una “conversión de la mirada”: ver la Tierra no como un objeto de explotación, sino como un sujeto de valor, incluso como madre y hermana (imagen evocada ya por san Francisco de Asís en el Cántico de las Criaturas y retomada por Laudato Si’). Implica, además, integrar la dimensión ecológica en todos los ámbitos de la vida humana —economía, política, educación, urbanización, cultura y religiosidad— promoviendo un nuevo paradigma de civilización.

En resumen, la ecología integral significa abrazar una visión global en la que naturaleza y humanidad, medio ambiente y desarrollo, ciencia y ética, están intrínsecamente vinculados.

(Texto basado en el artículo de José F. Castillo Tapia, SJ, “De la Ecología Integral a la Ecosofía: Camino Espiritual en Diálogo con los Pueblos Indígenas”, Revista Ecoteología, vol. 5, n.º 6, 2025, pp. 26-45).