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Misioneras de María
XAVERIANAS

El cuidado de nuestra Casa Común

Rafael López, sx
88
05 Junio 2026

El 5 de junio se celebra el Día Mundial del Medio Ambiente, cuyo enfoque principal son los cambios climáticos. En este contexto, el Papa Francisco, de feliz memoria, nos dejó el legado de la encíclica Laudato Si’, publicada el 24 de mayo de 2015, sobre el cuidado de la “Casa Común”. Se trata del primer documento pontificio de la Iglesia dedicado íntegramente a la crisis ambiental y al desarrollo sostenible. El Papa destaca la urgencia de proteger nuestra casa común, uniendo a “toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral” (LS 13). Inspirado en san Francisco de Asís, presentado como modelo de relación armoniosa con la naturaleza (LS 1), tal como lo expresa el Cántico de las Criaturas.

El primer capítulo del Génesis abre la Sagrada Escritura mostrando que todo lo que existe fue creado por Dios y que toda la creación es buena y perfecta. El texto bíblico repite varias veces: “Y vio Dios que era bueno” (Gn 1). La humanidad es la cumbre de la creación, creada a imagen y semejanza de Dios e integrada en la naturaleza (Gn 1,26-31). Dios confía al ser humano la misión de “dominar la tierra y someter a los animales” (Gn 1,26), pero esto no significa una autorización para la explotación destructiva, sino la responsabilidad de trabajar, cultivar y cuidar la creación, participando en la obra creadora de Dios (LS 232).

Dios colocó a la humanidad en el jardín “para que lo cultivara y lo cuidara” (Gn 2,15). La creación es presentada como un verdadero paraíso, destinado a la vida plena. La condición para mantener esta armonía era caminar con Dios, siguiendo su proyecto de fraternidad y cuidado de la vida. Sin embargo, “nunca hemos maltratado y herido nuestra casa común como en los últimos dos siglos. Pero estamos llamados a convertirnos en instrumentos de Dios Padre” (LS 53).

No obstante, cuando el hombre y la mujer comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal (Gn 3,1-24), la humanidad rompió la armonía original y comenzó a utilizar los bienes de la creación de manera egoísta y destructiva. El jardín fue dado a la humanidad para ser disfrutado con responsabilidad, dentro de un orden fundamentado en la justicia, la solidaridad y el bien común (Gn 2,17). La desobediencia simboliza la instauración de un sistema destructor que rompe la fraternidad y genera muerte, conflicto y devastación.

La Iglesia reconoce el deber y la necesidad de cuidar la casa común, de proteger al ser humano de su propia autodestrucción (LS 79). En este sentido, se han promovido diversas Campañas de la Fraternidad orientadas a la temática ecológica. La más reciente se realizó en 2025 con el tema “Fraternidad y Ecología Integral” y el lema “Dios vio que todo era muy bueno” (Gn 1,31), retomando los principios éticos y teológicos de la encíclica Laudato Si’ e incentivando la conversión ecológica, porque “es muy noble asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas” (LS 211), promoviendo una educación capaz de transformar progresivamente los estilos de vida.

Como cristianos, estamos llamados a cuidar y proteger nuestra casa común, preservando la creación y cultivando una relación armoniosa con la naturaleza y con Dios, el Creador de la vida, que hizo todo muy bueno (cf. LS 64). Por ello, para combatir los cambios climáticos es necesario disminuir el consumo; promover mejoras en las ciudades que favorezcan el bienestar, la salud y el cuidado del medio ambiente; fomentar la conciencia ecológica sobre temas como el efecto invernadero y los cambios climáticos; reducir el gasto energético; plantar árboles en jardines, parques y áreas deforestadas; separar y reciclar los residuos, entre otras acciones. Con pequeñas prácticas podremos lograr grandes transformaciones en favor de nuestra casa común.