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Misioneras de María
XAVERIANAS

Día mundial del Refugiado

Teresa Rinaldi
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19 Junio 2026

Cada año el 20 de junio, se conmemora el Día Mundial del Refugiado, una fecha instituida por las Naciones Unidas para crear conciencia sobre la difícil situación de millones de personas que huyen de conflictos armados o de la persecución y cruzan fronteras en busca de seguridad y protección en otros países.

ACNUR  (Alto comisionado de las naciones unidas para los refugiados) informa que  en 2026  el número de personas refugiadas y desplazadas continúa creciendo por conflictos prolongados, crisis silenciosas, nuevos enfrentamientos y llega a 136 millones. No son solo números o estadísticas distantes, son personas concretas, con nombres, sueños y derechos inalienables.

En Estados Unidos se viene exacerbando, como nunca antes, las políticas de hostilidad hacia las personas migrantes y refugiadas. No obstante, en ese mismo escenario, desde la Iglesia Católica han surgido iniciativas concretas de acogida, solidaridad y defensa de la dignidad, gestadas precisamente allí donde la hostilidad es más intensa

En cada mirada que busca un horizonte de paz, en cada historia interrumpida que anhela continuidad, reconocemos el clamor de la humanidad herida y el apelo a nuestra responsabilidad evangélica, social y política.

En este día todo somos invitados e invitadas a ponernos en comunión con estos millones de hermanos y hermanas que llevan en su cuerpo las marcas del desplazamiento forzado. Son rostros que traen grabadas las cicatrices de la violencia, de la persecución e del abandono, más que también irradian la luz resilente de la esperanza y la fuerza transformadora de la dignidad humana.

En cada mirada que busca un horizonte de paz, en cada historia interrumpida que anhela continuidad, reconocemos el clamor de la humanidad herida y el apelo a nuestra responsabilidad evangélica, social y política.

Que esta fecha nos inspire a caminar como peregrinos de esperanza, tejiendo redes de solidaridad que atreviesen fronteras y derrumben muros.  Que podamos ser, en cada territorio, semillas de una civilización del amor que florece en el encuentro, en la justicia y artesanos de una paz desarmada y desarmante.

Creemos que otro mundo es posible donde cada persona pueda decir “aquí también es mi casa, aquí también puedo soñar, aquí también puedo reconstruir mi historia de dignidad y de esperanza".